Como el viejo dicho de que “cada cabeza es un mundo”, así mismo figura un símil donde podemos decir que “cada cliente es un mundo”; y como consecuencia de esta sentencia, muchos son los factores a tomar en cuenta para poder para tener una relación perdurable con el cliente. Y como tal, lo recomendable es que antes de diversificarse hacia otros nuevos prospectos, se consoliden las relaciones con los clientes existentes -siendo más que un proveedor, un asesor especializado-.
El valor de un producto o servicio depende de las necesidades de la persona, ya que el mejor producto puede ser indiferente ante prospectos que tienen hábitos de consumo distantes a lo que ofertamos. El concepto de valor debe de estar ligado a las necesidades de cada comprador, por lo que es necesario reconocer qué quiere cada persona individualmente. Por consiguiente el valor no se crea en los productos sino en el pensamiento del cliente potencial. Y como tal, la idea no es concentrarnos solamente en aquellos que han percibido un valor, sino ampliar nuestro mercado sin descuidar aquellos negocios que nos generan un alto volumen de ventas.Un trato personalizado requiere que tomemos en cuenta desde el detalle más sencillo –como llamar al cliente por su nombre- hasta el más complejo –como conocer sus hábitos de consumo y su forma de pensar-. Es necesario aprovechar momentos informales para dialogar, pues en esas situaciones se pueden observar detalles que rematan en propuestas interesantes para el cliente. Y la realidad es que todos los procesos pueden ser mejorados, pues con una simple investigación exploratoria podemos conseguir información relevante para hacer notables cambios.
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