En primera instancia, definimos estrategia como un conjunto de actividades diseñadas sistemáticamente, con el fin de lograr un objetivo. Y en este sentido, iniciamos con una frase que muchos conocemos: La primera impresión vale mucho; y esto es lo primero que debemos tomar en cuenta a la hora de encontrarnos con un cliente, ya que la parte física es la más notoria a simple vista. El cliente siente agrado al ser recibido con un atuendo impecable, ya que la persona se siente importante. Si el vendedor quiere tener éxito tiene que dar pasos firmes para que pueda llegar a la meta.
Por supuesto, este primer encuentro es posible de la mano de una planeación estratégica, ya que la misma garantiza un servicio de excelencia. Y como tal, la idea es perfilar a cada uno de los prospectos en una base de datos donde se reflejen informaciones básicas, detallando las necesidades específicas de cada cual. Y todo esto con el objetivo de accionar puntualmente para cubrir las mencionadas necesidades.
Ya estando con el prospecto, es sumamente necesario permitir que se exprese abiertamente, tomando en cuenta no solamente sus palabras sino sus expresiones y ademanes. Al escuchar podemos lograr dar soluciones reales a través de la descripción del producto o servicio exacto que el cliente potencial necesita. Por consiguiente, el vendedor tiene que aprender a escuchar más y a intervenir cuando sea necesario.
En última instancia, es esencial dar facilidades de conseguir el producto o servicio al prospecto, ya sea que el negocio tenga una locación o que se maneje a través de una página web o como agente independiente. Ya en este último caso, la idea es hacer llevar los productos en el momento que el cliente los necesita y en condiciones óptimas.
martes, 28 de abril de 2009
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